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De Murcia al cielo

 

En Murcia

De un verde monte en la loma

que de azahar exhala aroma

y tiene a Murcia a sus pies,

blanquea como una paloma

anidada en un ciprés.

A la alegre y soleada fiesta murciana de la  romería:

Original romería

de aquella tierra del sol,

de la fe y de la alegría (...)

Al pueblo cristiano que  ha vencido en la Reconquista, tras "siete siglos de pelea", y  ha sabido fundir sus usos con el  vencido:

Pueblo ardiente de huertanos,

que, aun con trajes y usos moros,

dan a los ritos cristianos

remates mahometanos

de fuegos, zambras y toros.

Son tierra y gentes de "bravos caracteres" —"los hombres como centellas, / como estrellas las mujeres"—  de la España cabal  de  pandereta:

Aqui, en nuestra buena España,

donde se duerme la siesta,

donde se canta la caña,

donde el trabajo molesta

y es la vida una cucaña.

En el cielo

¿La tierra ves?

—La veo.

—¿Qué punto es aquel verde

de España en un invierno tan crudo?

—No lo sé :

entre el vapor la línea de mi visual se pierde,

Señor; mas si lo ordenas a averiguarlo iré.

Cuando vuelve el ángel, cuenta que "lo verde" era Murcia y se excusa

de la tardanza porque se olvidó de las horas y de su misión  allí...

Me apercibí del clima primaveral, del bello

país, mas no traspasé su límite exterior

¿Por qué?

—Porque a la entrada

de la primer cañada,

con una ligerísima

gentil huertana di,

y allí me estuve en pláticas

sin ilación con ella

hasta que vi una estrella

brillar... y me volví.

—¿Tan bella era la rústica?

Las silvestres, que abrileñas

abren sus hojas pequeñas

al sol, la lluvia y las brisas,

son los guiños y sonrisas

de los montes y las breñas.

Y, en síntesis, de todas las de la primaveral floresta y el campo:

Son del amor el lenguaje

de las bodas el mensaje,

del matrimonio la prenda,

de la gratitud la ofrenda,

de la gloria el homenaje.

Piensa entonces Alá que  la "gentil floricultora", "y en el trovar maestra", es criatura para sede superior aún:

Que todo esté en su atmósfera,

la flor en el pensil,

la estrella en el espacio

y en el Edén la hurí.

La huérfana, huérfana —"cióse entre las flores, como botón cerrado"—

prohijada desde muy niña por un viejo de su tribu,  "de origen damasceno ", que le infundió la ciencia de las plantas, el amor por los pájaros y

flores, y  que "la fe y  la poesía en su alma inoculó", corona su  destino:

De Murcia al Cielo

La criatura humana tornóse en ser divino;

su corporal materia se inmaterializó;

y la feliz huérfana  que al paraíso vino,

de su cancel guardiana y en su pensil quedó

Y hay kábilas y tribus de las de Murcia oriundas

hoy día vagabundas por Fez y por Tlenzén,

que creen que no es un ángel sino la hurí murciana

quien abrirá a sus almas las puertas del Edén.

José Zorilla, Madrid, 1888.